Esta mañana el dirigente libio, Muamar el Gadafi, aseguraba que las tropas internacionales que se atrevan a plantarle cara, tendrán que derrotar primero a todo el pueblo libio. Era un órdago en toda regla, pero la amenaza no ha conseguido achantar a la comunidad internacional, que encabezada por Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos, ha decidido tomar cartas en el asunto. La decisión ya estaba tomada. La acción militar en Libia se llevará a cabo durante este fin de semana. El tirano usará a su pueblo como barrera humana y en función de la intensidad de los ataques, la operación puede durar más o menos tiempo.

Nicolas Sarkozy recibe a Zapatero para tratar el ataque a Libia / Foto: Gettyimages
Lo que está claro es que Gadafi ya no las tiene todas consigo. A las puertas de Bengasi, donde se preveía una lucha encarnizada por recuperar la principal base rebelde, las tropas fieles a Gadafi tienen otro enemigo del que preocuparse. Las fuerzas aéreas francesas ya han empezado a bombardear el territorio libio. Así, mientras los insurgentes celebran la aprobación de una intervención militar –aunque ésta llegue con retraso–, el excéntrico dictador de Libia comienza a temer que sus guardianes empiecen a abandonar las filas de defensa. A lo largo del fin de semana se podrá saber cuál es la repercusión de este operativo.